Dienstag, Mai 08, 2007

Estrella

Paseando la encontré.
Estaba en el suelo y brillaba. Pero la gente pasaba a su lado y no se paraba. Nadie miraba, nadie quería saber nada.

Llegué a pensar que eran capaces de reconocerla y..., y eso les daba motivos para ignorarla. Aunque, muchas veces, lo desconocido genera pánico y es también suficiente motivo como para pasar de largo.

Decidí recogerla y poder mirarla de cerca. Y fue enconces cuando, al acariciarla...
**********


Tuve que saltar varias veces porque las nubes no dejaban de moverse. Y la tierra, arriba, estaba paralizada y cambiaba constantemente de color. A su lado había un dragón verde con cara de elefante que miraba fijamente cómo corría un avestruz que no tenía patas.

Bajé la vista y me encontré con peces. Peces que se deslizaban entre las nubes formando pequeños círculos que rodeaban pájaros. Pájaros que cantaban a la sombra de dinosaurios. Dinosaurios..., que respiraban agua y expulsaban zumo de naranja.

Y fue entonces cuando conseguí ver mi reflejo. Mis orejas habían aumentado formando trompetillas a ambos lados de la cabeza. Mi nariz había desaparecido y mi pelo, que se mantenía negro, caía recorriendo mi espalda hasta rozar mis tobillos.

Mi cuerpo estaba cubierto por una larga capa. Una larga capa con un gran bolsillo. Un bolsillo que guardaba algo. Entonces acerqué mis manos y me dispuse a descubrirlo.

Así tuve mi primer encuentro con mi espada láser. Los colores de la libertad la recorrían, y una luz acompañada de la música de Lou Reed se encendía cada vez que yo pulsaba el botón que decía "Fire". Y es que no tenía filo, ni tampoco era de metal.


Por un momento me sentí en la versión rosa de la Guerra de las Galaxias, y pensé que..., si alguien me había dado tal espada, entonces tenía una misión. Y me dispuse a llevarla a cabo.

Así que comencé a caminar siguiendo un ruido en la distancia. Eran una especie de pasos…, pasos que sonaban extraños. Pasos rápidos, pasos breves.

Levanté la vista y ahí estaban ellos. El ejército de los Pin y Pon se encontraba delante de mí. Y ocupando un lugar primordial entre todos, uno con bigote. Uno cuya sonrisa era tan enigmática como la de la propia Mona Lisa.

Y me habló. Pero no le entendí. Aunque estaba claro que nada de lo que decía era bueno.

Aparté mi capa y saqué mi espada láser. El Jefe Reed comenzó a sonar por todas partes y la tierra, que parecía tan lejana, empezó a acercarse tanto que daba miedo.

La luz cegadora de mi espada iluminó al jefe Pon, y de pronto…, una enorme jirafa de pelo verde se lo tragó. Sólo dejó de él su bigote.
**********


Cayó de pronto la estrella brillante de mis manos…, y fue entonces cuando me pregunté…, si ese bigote sería capaz de desaparecer eternamente…, eternamente.

Dienstag, Mai 01, 2007

El faro de metal

Primero
le buscaron. Después se encontraron bajo la misma espiral.

El faro de ladrillo..., el ruido. La música gritaba. Los ojos miraban haciendo ver que nada observaban. Las manos pausadas. Distancia, miedo.

Su rostro contra el suelo. Sus manos queriendo parar el tiempo. Pero el tiempo no paraba, seguía corriendo y llevando consigo un puño americano por cada segundo.

El brillo del metal comenzó a cubrirse con tinta roja. Los palos ensordecieron.

Su rostro contra el suelo. Las botas negras buscaban en él su apoyo, apretando cada vez más fuerte..., cada vez más fuerte.

Ocho cuerpos en pie, dieciséis pies, dieciséis manos..., ejecutando bajo una misma luna y sobre un mismo cuerpo.

El asfalto comenzó a cambiar de color.

Resistir. Pero sus manos se destrozaban cada vez más, intentando detener lo que en su cabeza explotaba.

Su rostro contra el suelo.

Luces aparecieron..., y salieron corriendo con sus puños, con sus palos, con sus botas..., con sus cabezas rapadas.

***





Durante mucho tiempo he sido la mayor de los dos. Durante mucho tiempo... Ahora, mi 1.70 me hace sentir pequeña a tu lado.


Cuando empezabas a crecer sentí que era el momento de llevar zapatos de tacón, y llegué a subirme sobre diez centímetros más para seguir sintiendo que podía defenderte..., que podía seguir siendo tu hermana mayor.


Pero no te detenías..., y decidí desistir. Siempre tendría, al fin y al cabo, nueve años más que tú.


Cuando estás frente a mí, me recorre el cuerpo un orgullo tremendo.


Y a pesar de escucharte decir "canija" cuando tu cuerpo de 1.96 se apoya sobre mis hombros..., sigo sintiendo que soy la mayor..., y que podré protegerte como siempre lo he hecho.


Pero no he podido..., esta vez no he podido.


Te han machacado y no he podido defenderte.


Y siento dentro de mí una impotencia que me está matando. Te escucho hablar..., y me voy desgarrando. Te miro, y tras hacerlo imagino cómo fue, y entonces siento que me muero.


La rabia me está comiendo, pero no acabará conmigo, y tampoco dejaré que termine contigo.


A por ellos.

Dienstag, April 24, 2007

Tricolor

Siempre

hablábamos de ello, pero nunca hacíamos nada.


Tantas horas, tantos días..., planeando la sentencia final. Demasiado tiempo empleado para dejarlo en simples palabras.


Había llegado el momento..., ambos lo sabíamos. Y un puñado de nervios se mezclaba con una risa estúpida a la vez que dulce... Iba a suceder.


El viaje no era demasiado largo. Quizá es que eran tales las ganas que..., las horas no importaban. Ya estaba muy cerca, ya casi podíamos tocarlo.


Fuí yo quien se decidió. Primero un pie, después el otro. Y de pronto, casi sin darnos cuenta, allí estábamos, el uno frente al otro.




- Necesitamos energía.
- ¿Más aún?
- Tenemos que comer algo.
- Me parece una buena idea.
- Tienes el mapa, supongo...
- No supongas tanto...
- Mal empezamos...




La gran vía se hacía estrecha, ... y demasiado larga. Apenas había aire. Y el poco existente se entrecortaba. Ilusión..., o quizá miedo. Y aquel lugar no ayudó demasiado.



- Te estás cargando una vaca con eso que comes.
- Tú tampoco ayudas a la población verde.
- Necesitamos unas cervezas...




La suerte estaba o no de nuestro lado. No lo sabíamos, pero no nos importaba. Lo íbamos a hacer, sin más. Sin importarnos qué ocurriera después, sin importarnos nada.


O puede que sí nos importara, puede que nos importara demasiado, tanto que..., por eso lo hacíamos.


Lo hacíamos porque estábamos hartos. Porque llevábamos tiempo queriendo hacerlo. Lo hacíamos porque lo necesitábamos, porque no sólo con nuestras palabras podíamos arreglar algo. Porque..., si dejábamos pasar el tiempo..., éste acabaría comiéndonos.




- ¿Por qué me miras?
- No sé si te has dado cuenta de algo...
- Sorpréndeme.
- Te llamas Reina.
- Eso no me causa sorpresa alguna, y?
- Y vas a llevar tú la bandera.




Y es que..., la Tercera República tendrá Reina. La tercera República estará plagada de Reyes y Reinas, cada cuál será su Rey, cada una será su Reina. Y por algo había que comenzar.


Sacamos nuestra bandera tricolor y empezamos a recorrer las calles, sin más..., quemando cada iglesia a nuestro paso y gritando...




¡¡Viva la Tercera República!!



Para Quique. Para que se hagan realidad cada uno de sus sueños.
Die Macht ist mit dir... Es lebe die Republik!

Freitag, April 13, 2007

Campeón

Boxeo. Adoro el boxeo.

Nunca se me ha pasado por la mente dedicarme a ello. Pero disfruto viendo ese deporte. Por televisión, en directo... Sí, adoro esos combates.

Tengo mis favoritos, por supuesto. Pero más de una vez me he encontrado viendo un combate entre dos desconocidos para mí. Cuando ocurre algo así..., cuando no tengo ningún favorito, suelo declinarme por aquél que me parece más débil. Y entonces le animo hasta quedarme sin voz..., y se me caen las lágrimas si le veo cada vez más hundido.

En cierta ocasión, estuve a punto de recibir varios puñetazos..., ya que, ése a quien yo animaba, ése a quien le estaban machacando no era el favorito del grupo de personas que veían el combate justo delante de mí. Y..., claro, el problema llegó cuando mi "pupilo" resucitó de forma sorprendente y comenzó a aplastar al preferido de "mis vecinos". Pensé que no salía viva de ese lugar...

Y es que..., aunque se trate de un deporte, no se puede negar la connotación violenta, por supuesto. Pero..., también he pensado muchas, muchas veces, que cuatro puñetazos bien dados son preferibles a muchas otras cosas.

Dicen que las palabras se las lleva el viento. Mentira.

Las palabras pueden dañar más que unos puños recubiertos por unos guantes especiales. Y es que..., las decisiones están recubiertas de palabras. Y no todas las decisiones son buenas. Y tras tales decisiones..., consecuencias. Consecuencias que quizá se vistan después con puños..., o no.

Todos, absolutamente todos, llevamos una bestia dentro. Una bestia que asoma demasiado, o muy poco. O quizá, lo justo. Pero siempre asoma. El mundo no ha cambiado.

Sentimos rabia..., y entonces nos cuesta respirar, nos enfurecemos. No somos muchas veces capaces de imaginar lo duro que algo puede llegar a ser..., y algo se va guardando dentro, muy dentro..., y la bestia se alimenta y va creciendo.

Y un día nos levantamos y nos damos cuenta de toda la mierda que nos rodea. Y queremos partir la cara a alguien. Pero sabemos que no podemos..., y acabamos metiendo la cabeza dentro de una bañera llena de agua donde nadie podrá oírnos cuando gritemos.

Golpeamos sin querer, y para ello no hace falta usar los puños. Ésa, quizá, es la forma más sutil, la más leve, la que menos duele.

Pero las palabras golpean muy fuerte..., y causan más daño. La vida está llena de palabras, y por ello la vida golpea. Golpea más fuerte que Rocky Marciano o que Alí.

El escenario vital no es más que un ring. Y en ese ring estamos viviendo todos. Unos golpean más fuerte que otros. A veces ganan, a veces pierden..., pero siempre golpean. Golpeamos todos en este infierno. Y nadie se salva de ello. Pero si de algo estoy segura es de que..., quien más aguanta no es quien más pega..., sí quien mejor resiste los golpes, porque será el único que vuelva a levantarse y avance.

Quizá adoro el boxeo porque, realmente, se trata de lo mismo que vivo. Pero con una diferencia..., siempre termina.




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