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Boxeo. Adoro el boxeo.
Nunca se me ha pasado por la mente dedicarme a ello. Pero disfruto viendo ese deporte. Por televisión, en directo... Sí, adoro esos combates.
Tengo mis favoritos, por supuesto. Pero más de una vez me he encontrado viendo un combate entre dos desconocidos para mí. Cuando ocurre algo así..., cuando no tengo ningún favorito, suelo declinarme por aquél que me parece más débil. Y entonces le animo hasta quedarme sin voz..., y se me caen las lágrimas si le veo cada vez más hundido.
En cierta ocasión, estuve a punto de recibir varios puñetazos..., ya que, ése a quien yo animaba, ése a quien le estaban machacando no era el favorito del grupo de personas que veían el combate justo delante de mí. Y..., claro, el problema llegó cuando mi "pupilo" resucitó de forma sorprendente y comenzó a aplastar al preferido de "mis vecinos". Pensé que no salía viva de ese lugar...
Y es que..., aunque se trate de un deporte, no se puede negar la connotación violenta, por supuesto. Pero..., también he pensado muchas, muchas veces, que cuatro puñetazos bien dados son preferibles a muchas otras cosas.
Dicen que las palabras se las lleva el viento. Mentira.
Las palabras pueden dañar más que unos puños recubiertos por unos guantes especiales. Y es que..., las decisiones están recubiertas de palabras. Y no todas las decisiones son buenas. Y tras tales decisiones..., consecuencias. Consecuencias que quizá se vistan después con puños..., o no.
Todos, absolutamente todos, llevamos una bestia dentro. Una bestia que asoma demasiado, o muy poco. O quizá, lo justo. Pero siempre asoma. El mundo no ha cambiado.
Sentimos rabia..., y entonces nos cuesta respirar, nos enfurecemos. No somos muchas veces capaces de imaginar lo duro que algo puede llegar a ser..., y algo se va guardando dentro, muy dentro..., y la bestia se alimenta y va creciendo.
Y un día nos levantamos y nos damos cuenta de toda la mierda que nos rodea. Y queremos partir la cara a alguien. Pero sabemos que no podemos..., y acabamos metiendo la cabeza dentro de una bañera llena de agua donde nadie podrá oírnos cuando gritemos.
Golpeamos sin querer, y para ello no hace falta usar los puños. Ésa, quizá, es la forma más sutil, la más leve, la que menos duele.
Pero las palabras golpean muy fuerte..., y causan más daño. La vida está llena de palabras, y por ello la vida golpea. Golpea más fuerte que Rocky Marciano o que Alí.
El escenario vital no es más que un ring. Y en ese ring estamos viviendo todos. Unos golpean más fuerte que otros. A veces ganan, a veces pierden..., pero siempre golpean. Golpeamos todos en este infierno. Y nadie se salva de ello. Pero si de algo estoy segura es de que..., quien más aguanta no es quien más pega..., sí quien mejor resiste los golpes, porque será el único que vuelva a levantarse y avance.
Quizá adoro el boxeo porque, realmente, se trata de lo mismo que vivo. Pero con una diferencia..., siempre termina.

Labels: boxeo, Rocky Balboa
Palabras de ©ReinaDeSalem