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"No vuelvas a dejarme sola", se dijo al verse en aquel destartalado espejo.
Hubo ratos que pensó que ya nada podía hacer. Qué iba a contar que pudiera interesar. Palabras de latón que se estropean con el tiempo. Nada más que eso.
"Si ya nada útil me queda", pensó, arrepintiéndose de la súplica que un segundo antes había hecho.
Su dulce tragedia.
No es capaz de sentir sin antes razonar eso que siente. No es capaz de razonar si siente..., si no siente.
Su dulce tragedia.
Y no puede dejar de pensar. Y no puede dejar de sentir. Pero cabeza y corazón se necesitan tanto que, van de la mano sin dejar paso, aunque sólo por una vez sea, a uno de ellos.
Su dulce tragedia..., porque nunca llegan a una misma conclusión.
"Déjate llevar", escucha decir. Y siente que se volverá loca si, tras tanto escucharlo sigue respondiendo que, por mucho que lo intenta, no puede.
Que su corazón es de mármol, eso tuvo que escuchar tantas veces...
Quizá es ahora cuando lo comprendió. Porque no es tarea fácil romperlo, pero más costoso es aún montarlo.
Sólo puede permitirse soñar, porque los sueños no necesitan razonamiento alguno, y sólo soñando se siente libre. Por eso se esconde y sueña sola..., porque a nadie necesita para poder soñar.
Le preguntaron qué era lo que más deseaba.
Y deseó no tener corazón.
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Palabras de ©ReinaDeSalem